Cuatro niños y niñas con discapacidad, afiliados al programa de patrocinio de
Visión Mundial, visitaron una bolera por primera vez en su vida.
Al principio, el lanzamiento del boliche involucró tres manos: la mano del jugador, la mano del entrenador para guiarle y la mano de un familiar para servirle de apoyo; pero con el tiempo quedó una sola mano, que era la del jugador, ahora más adaptado a esta modalidad de competencia.
Después de hora y media de trayecto desde Soacha, los hermanos Juan Pablo y Angie llegaron a su destino. Ellos hacían parte de un grupo de personas en situación de discapacidad que, acompañados por sus mamás y sus tutores, se dirigían hacia una bolera.
Este grupo enfocado en el trabajo con personas con discapacidad, convocó a Fredy, Angie, Juan Pablo y Sebastián, para entrenarlos en el lanzamiento de bolos. Ellos tienen características que varían desde el autismo hasta el retardo mental.
En ocasiones anteriores, ellos habían practicado con bolos de juguete, ¡al fin había llegado el día para jugar con bolos del tamaño y peso reales!
El apoyo de los familiares y de los educadores físicos es un estímulo importante para Juan Pablo, 13 años, quien padece autismo y una parálisis parcial en el pie izquierdo. El niño, además, tenía una desviación en los ojos, pero fue operado, y desde entonces usa permanentemente gafas de gran aumento.
Ya estando en la pista de bolos, Juan Pablo recibe las instrucciones básicas para empezar a jugar. Luego, toma en sus manos el boliche y, con dificultad, hace un lanzamiento. En el trayecto, el boliche se desvía de la pista y termina yéndose por la canaleta, pero éste no es un intento fallido, porque el niño está aprendiendo a manipular la bola.
Cuando el boliche llega al final de la canaleta, los familiares y los tutores aplauden. En esta experiencia todo es un logro y ¡hay que celebrarlo!
Angie realiza el siguiente lanzamiento, ella logra tumbar el pin que está en la esquina izquierda, en ese momento todos sonríen y felicitan a esta joven con apariencia de niña, que sufre epilepsia y un retardo mental moderado, como consecuencia de una meningitis adquirida en su infancia.
Angie es afiliada desde hace diez años a Visión Mundial, así como sus hermanos Cristian, 19, y Miguel Ángel, 16. Juan Pablo no es afiliado, pero él goza igualmente de los beneficios del programa para niños y niñas con discapacidad que patrocina la organización.
“Visión Mundial me ha dado la ayuda que nadie más me ha dado. En otras instituciones es difícil conseguir terapias para Angie y para Juan Pablo”, dice Nubia, madre de nueve hijos.
Nubia y sus dos hijos con discapacidad llevan dos años participando en los talleres de formación que les ofrece Visión Mundial, con la ventaja de que los terapeutas contratados por la organización van a las comunidades a prestar sus servicios.
“Mis hijos son una bendición, porque ellos me han dado alegrías con todo lo que he conocido. He aprendido cosas que yo no sabía que existían, ni que yo era capaz de hacer. Por ejemplo, en 44 años yo nunca había ido a una bolera”, dice Nubia.
Familias como la de Nubia y sus hijos han seguido un proceso de formación terapéutica y pedagógica. Estas terapias son complementadas con el entrenamiento en una disciplina deportiva, que conduce al desarrollo de nuevas competencias.
Ivón Cuervo
Comunicadora Proyecto iConnect. VMC